Conmociones cerebrales: Lo que dicen los padres y los entrenadores

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(Concussions: What Parents and Coaches Say)

Tanto a los padres como a los entrenadores les preocupan las conmociones cerebrales. Pero según los resultados de una encuesta que hizo KidsHealth por Internet, todavía hay muchos que no siguen las recomendaciones de los médicos en cuanto a qué hacer cuando un niño se lesiona.

No todos los golpes producen una conmoción cerebral, pero es importante saber a qué se debe estar atento. Los médicos, preocupados por los efectos a largo plazo de las conmociones cerebrales, recomiendan seguir estos pasos después de un golpe en la cabeza:

  1. El jugador debe dejar de jugar o de entrenarse inmediatamente.
  2. El jugador debe ver a un médico para que lo revise antes de volver al entrenamiento o a un partido.

Según una encuesta realizada en enero y febrero de 2015, aproximadamente la mitad de los padres, y casi la misma cantidad de entrenadores, indicaron que no siguen estas dos recomendaciones.

Por el contrario, algunos padres le permiten al niño volver al partido inmediatamente después del golpe, o simplemente esperan 15 minutos antes de dejarlo regresar al partido. Otros retiran al niño del juego pero no lo hacen ver por un médico para que evalúe el golpe.

Uno de los 500 padres que participó en la encuesta en los Estados Unidos, indicó: “En ocasiones, es muy difícil determinar qué se debe hacer después de un golpe en la cabeza”.

Los síntomas de la conmoción cerebral no siempre aparecen inmediatamente. Es posible que tanto los padres como los entrenadores sospechen que existe una conmoción cerebral sobre la base del aspecto del golpe y de cómo se siente el niño después del golpe.

De acuerdo con los síntomas de su hijo, los padres deben ir a la sala de emergencias del hospital o llamar al médico para que les aconseje qué hacer. Sin la atención adecuada, los dolores de cabeza y la falta de concentración pueden durar días, semanas y hasta meses. La repetición de conmociones cerebrales es muy peligrosa.

“Mi hijo tuvo una conmoción cerebral a los 13 años y sufrió las siguientes consecuencias: Conducta típica del ADD, cambios en su actitud, pérdida de interés en los deportes”, escribió uno de los padres en la encuesta.

Según la encuesta, la información sobre las conmociones cerebrales a través de medios de comunicación tiene un efecto en el comportamiento. Muchos padres (2 de cada 3) que tienen hijos que practican un deporte dicen que ahora son más cuidadosos respecto de posibles conmociones.

¿Cuándo debo ir a la sala de emergencias?

A los médicos les resulta difícil diagnosticar las conmociones cerebrales. Por lo tanto, no nos asombra que los padres tengan preguntas. En la encuesta se les pidió a los padres hacer una lista de los síntomas y determinar cuáles eran los más graves. La mayoría de los padres (el 88%) sabía que debía dirigirse a la sala de emergencias si el niño perdía la conciencia. Un porcentaje menor de padres sabía que debía dirigirse a la sala de emergencia si al niño le resultaba difícil caminar (73%) o tenía una visión borrosa (50%). Pero ambos síntomas requieren la atención en la sala de emergencias.

Si es posible que su hijo haya tenido una conmoción cerebral, vaya a la sala de emergencias cuando presente los siguientes síntomas:

  • Pérdida de la conciencia
  • Dolor de cabeza intenso, o un dolor de cabeza que empeora
  • Visión borrosa
  • Dificultad para caminar
  • Confusión y decir cosas que no tienen sentido
  • Dificultad para hablar
  • Falta de respuesta (no lo puede despertar)

Infórmele al médico inmediatamente sobre otros problemas, como vómitos, mareos, dolor de cabeza o dificultades para concentrarse. El médico le podrá decir qué hacer. Cuando los síntomas son más leves, es posible que el médico le recomiende a su hijo descansar y a usted estar atento a cambios, como el aumento del dolor de cabeza.

La encuesta mostró que muchos padres todavía creen que hay que mantener al niño despierto después de que se sospecha que ha ocurrido una conmoción cerebral. Los expertos dicen que se les debe permitir a los niños dormir. Pero si no puede despertar a su hijo, solicite asistencia médica de emergencia.

Espere a que el médico le dé el visto bueno para regresar a la práctica de deportes

Al recibir el tratamiento adecuado, la mayoría de los niños y adolescentes se recuperan rápida y completamente. Saber identificar una conmoción cerebral y seguir los pasos necesarios para recuperarse ayuda a evitar ciertos síntomas a largo plazo o una lesión mayor.

Los expertos en el cuidado de la salud, como la Academia Americana de Pediatría (AAP, por sus siglas en inglés), la Asociación Médica Americana (AMA, por sus siglas en inglés), la Academia Americana de Neurología y el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) están de acuerdo en que los jóvenes atletas no deben competir o entrenarse hasta que un profesional de la salud experto en evaluaciones de conmociones cerebrales les permita hacerlo.

Los 50 estados que componen los Estados Unidos, y el Distrito de Columbia, tienen leyes relacionadas con el “regreso al juego”, las cuales incluyen:

  • Retirar del juego a los atletas de los cuales se sospecha que han sufrido una conmoción cerebral
  • Obtener un permiso de un profesional del cuidado de la salud para regresar al entrenamiento o al juego

De acuerdo con la encuesta realizada por KidsHealth, los entrenadores deportivos del noreste de los Estados Unidos tienen más conocimientos sobre las leyes de “regreso al juego” que los entrenadores de otras partes de los Estados Unidos. Más de la mitad de los entrenadores del noreste de los Estados Unidos (60%) dicen que obedecen las leyes nuevas. En otras partes de los Estados Unidos, solamente el 50%, o un porcentaje menor, de los entrenadores cumplen con estas leyes.

Al hablar de las conmociones cerebrales, lo primero que nos viene a la mente son los niños que participan de deportes en equipo. Pero, en realidad, muchos otros niños corren el riesgo de sufrir una conmoción. Los niños menores de 4 años por lo general sufren conmociones por caídas. Y los accidentes de bicicletas suelen lesionar a más de 500.000 niños y adolescentes al año. Por eso, el uso de cascos es tan importante.

Recuperarse de una conmoción

Parte del tratamiento es el descanso físico y mental; y esto incluye descansar de las tareas de la escuela. Es posible que algunos niños y adolescentes tengan que faltar a la escuela durante una semana o más. Y cuando regresan, es probable que los maestros les tengan que reducir la cantidad de trabajo. Las actividades de contenido académico que requieran concentración, como estudiar para un examen, pueden empeorar los síntomas de la conmoción o hacerlos volver.

En la actualidad, muchas escuelas están obligadas a hacen pruebas para determinar la función cerebral de los estudiantes o los atletas. Esta prueba se denomina “punto de referencia para conmociones cerebrales”. Estas pruebas, que se hacen antes de la temporada de juego, establecen un “punto de referencia” que indicará cómo están las funciones cerebrales del jugador. Si, más tarde, ocurre una lesión, los médicos podrán comparar este “punto de referencia” (o funcionamiento anterior a la lesión) con los valores que se obtengan posteriores a la lesión.

Hable con su médico o con la escuela sobre estas pruebas de “punto de referencia”.

Involucrar a los niños y a los adolescentes

Los niños y los adolescentes pueden obstaculizar su propia recuperación si no se retiran del juego y siguen asistiendo a los entrenamientos.

“Mi hija sufrió una conmoción cerebral este año como porrista pero no siguió las recomendaciones al pie de la letra porque quería seguir practicando esta actividad, comentó un padre en la encuesta.

En lo que respecta a las conmociones, lo peor que puede hacer un niño es seguir jugando o entrenándose mientras se siente mal o tiene dolor. Los adolescentes por lo general están abiertos a los consejos de sus compañeros. Por lo tanto, es una buena idea informar a los adolescentes que hacen deportes de manera que puedan cuidarse entre ellos.

Revisado por: Kate M. Cronan, MD
Fecha de revisión: febrero de 2015