La diabetes: mitos y realidades

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Es importante que usted se eduque a sí mismo sobre la diabetes para poder ayudar a su hijo a controlarla. Esto significa armarse de toda la información adecuada. Aunque Internet está plagada de contenidos sobre diabetes, no siempre contiene información adecuada. Cuando la información no se interpreta correctamente, es imprecisa o confusa, puede ser nociva para las personas afectadas de diabetes. Hasta los amigos y parientes más bien intencionados pueden dar una información incorrecta.

Hable con miembros del equipo médico que lleva la diabetes de su hijo cuando tope con una información que no le parezca adecuada, que suene demasiado bien para ser cierta o que contradiga lo que ellos le hayan explicado. No introduzca ningún cambio en el plan de control de la diabetes de su hijo sin contar antes con el visto bueno de algún miembro de su equipo de diabetología.

Mito: comer demasiado azúcar causa diabetes.

Realidad: la diabetes tipo 1 se debe a que se han destruido las células pancreáticas productoras de insulina, algo que no está relacionado con el consumo de azúcar. La diabetes tipo 2 obedece a la incapacidad del organismo para responder a la insulina con normalidad. A pesar de que la tendencia a desarrollar diabetes tipo 2 es hereditaria en la mayoría de los casos, comer demasiado azúcar (o ingerir demasiados alimentos ricos en azúcar, como los dulces y los refrescos) puede aumentar el peso corporal, lo que puede incrementar el riesgo de desarrollar este tipo de diabetes.

Mito: los niños con diabetes no pueden comer caramelos nunca.

Realidad: los niños con diabetes pueden ingerir cierta cantidad de alimentos dulces como parte de una dieta equilibrada, pero necesitan controlar la cantidad total de hidratos de carbono ingeridos, y esto incluye los dulces y los caramelos. Debido a que los caramelos no tienen un valor nutricional real y solo aportan calorías, se deben limitar, pero no necesariamente eliminarse por completo. Todos los niños (¡y todos los adultos!) deben evitar el consumo excesivo de alimentos de escaso valor nutricional y comer abundantes alimentos sanos.

Mito: los niños pueden superar la diabetes con la edad.

Realidad: los niños no superan la diabetes con la edad. En la diabetes tipo 1, las células pancreáticas productoras de insulina se destruyen. Y, una vez destruidas, no vuelven a fabricar insulina nunca más. Los niños afectados por este tipo de diabetes siempre necesitarán recibir insulina (hasta que se encuentre una cura de la diabetes). Aunque los niños con diabetes tipo 2 pueden percibir mejoras en sus concentraciones de azúcar en sangre después de la pubertad o de introducir cambios en su estilo de vida, lo más probable es que siempre sean proclives a tener concentraciones elevadas de azúcar en sangre, sobre todo si llevan vidas físicamente inactivas o ganan demasiado peso.

Mito: la diabetes es contagiosa.

Realidad: la diabetes no es contagiosa. No se la puede pegar otra persona. A pesar de que los investigadores consideran que el desarrollo de la diabetes tipo 1 podría desencadenarse ante algún factor ambiental, como un virus, la mayoría de las personas que desarrollan este tipo de diabetes han heredado genes que los hacen más proclives a esta enfermedad.

Mito: las concentraciones elevadas de azúcar en sangre son normales para algunas personas y no son un signo de la diabetes.

Realidad: determinadas afecciones (como el estrés y algunas enfermedades) y determinados medicamentos (como los corticoesteroides) pueden elevar temporalmente las concentraciones de azúcar en sangre en personas que no padecen diabetes. Pero una concentración elevada de azúcar en sangre nunca es normal. A aquellas personas cuya concentración de azúcar en sangre sea elevada o que tengan azúcar en la orina se les debe estudiar si son o no diabéticas.

Mito: las personas con diabetes puede notar si sus concentraciones de azúcar en sangre son altas o bajas.

Realidad: a pesar de que una persona con diabetes puede presentar síntomas corporales (como sed extrema, debilidad o fatiga), la única forma de saber si su concentración de azúcar en sangre es excesivamente alta o excesivamente baja es midiéndosela. Por ejemplo, puesto que la concentración de azúcar en sangre ha de ser muy alta para provocar síntomas, una persona que no se mide la cantidad de azúcar en sangre con frecuencia puede tener concentraciones tan elevadas que pueden dañar su organismo sin darse cuenta.

Mito: toda la gente afectada de diabetes necesita medicarse con insulina.

Realidad: toda la gente afectada por una diabetes tipo 1 debe inyectarse insulina porque su páncreas ha dejado de fabricarla. Algunas personas que padecen una diabetes tipo 2, pero no todas, deben recibir insulina, además pueden o no necesitan pastillas, para controlar sus glucemias.

Mito: la insulina cura la diabetes.

Realidad: inyectarse insulina ayuda a controlar la diabetes, pero no la cura. La insulina ayuda extraer la glucosa del torrente sanguíneo y a llevarla hacia el interior de las células, donde se utiliza en forma de energía. Y esto ayuda a controlar las concentraciones de azúcar en sangre, pero el hecho de inyectarse insulina no corrige la causa subyacente de la diabetes.

Mito: las pastillas o comprimidos para la diabetes son un tipo de insulina.

Realidad: los medicamentos para la diabetes tomados por vía oral (por boca) no son un tipo de insulina. La insulina es una proteína que, si la tragáramos, se descompondría por efecto de los ácidos y de las enzimas digestivas presentes en el estómago y el intestino. Hoy en día, solo hay una forma de administrar insulina: mediante inyecciones, aunque los investigadores están estudiando nuevas formas de administración (por vía oral, nasal e inhalatoria). Algunas personas con diabetes tipo 2 toman pastillas o comprimidos que ayudan al organismo a fabricar más insulina o a utilizar la insulina con una mayor eficacia. Pero estas pastillas o comprimidos no pueden ayudar a los niños que padecen una diabetes tipo 1 porque ellos no pueden fabricar insulina por sí mismos.

Mito: cuando se tiene que tomar más insulina, significa que la diabetes está empeorando.

Realidad: las dosis de insulina deben irse adaptando continuamente para ayudar a mantener las concentraciones de azúcar en sangre dentro de unos márgenes saludables. Hay muchos factores que influyen sobre la concentración de azúcar en sangre, como la dieta, el ejercicio físico y el momento del día. Además, las dosis de insulina se pueden tener que ir cambiando con el paso del tiempo. En el momento en que se hace el diagnóstico, el páncreas puede seguir siendo capaz de fabricar algo de insulina, de modo que se puede necesitar una menor cantidad de esta sustancia. No obstante, conforme el páncreas deja de fabricar insulina, se necesita inyectar una mayor cantidad de esta sustancia para mantener las concentraciones de azúcar en sangre dentro de unos márgenes saludables. Lo deprisa que esté creciendo el niño, si está o no atravesando la pubertad y cuánto come son factores que influyen sobre la cantidad de insulina que necesita cada día.

Mito: los niños con diabetes no tienen que recibir insulina ni pastillas para la diabetes cuando se ponen enfermos.

Realidad: cuando un niño enferma, sobre todo si vomita y come poco, administrarle insulina puede no parecer lo más adecuado. De todos modos, es muy importante seguir administrándole insulina y es posible que la dosis de insulina se deba reajustar a lo largo de la enfermedad (usted lo deberá consultar con su pediatra), pero no puede dejar de inyectarle insulina. Los niños necesitan energía cuando están enfermos para que su organismo se pueda recuperar y la insulina les ayuda a utilizar la energía adecuadamente. Hable con el equipo médico de diabetología de su hijo para asegurarse de que sabe qué debe hacer cuando su hijo enferme.

Mito: los niños con diabetes no pueden hacer ejercicio.

Realidad: ¡Hacer ejercicio es importante para todos los niños, tengan o no tengan diabetes! El ejercicio tiene muchas ventajas para los niños con diabetes. Les ayuda a controlar el peso y les impide ganar demasiada grasa corporal. También les mejora la salud cardiovascular, les levanta el ánimo, les alivia el estrés y les ayuda a controlar las concentraciones de azúcar en sangre. Hable con el equipo médico que lleva la diabetes de su hijo sobre recomendaciones para hacer ejercicio y para controlar la concentración de azúcar en sangre.

Mito: las dietas bajas en hidratos de carbono son recomendables para los niños con diabetes porque estos niños deben evitar este tipo de alimento.

Realidad: los hidratos de carbono son la principal fuente de energía del organismo y los alimentos que los contienen deben proporcionar entre el 50 y el 60 % de las calorías que ingiere una persona cada día. Las dietas bajas en hidratos de carbono tienden a estar sobrecargadas de grasas y de proteínas. Seguir una dieta rica en grasas y proteínas durante un período de tiempo largo puede incrementar el riesgo de desarrollar enfermedades de corazón y de riñón en la etapa adulta (enfermedades a las que son especialmente proclives las personas con diabetes). Las personas con diabetes deben seguir una dieta sana y equilibrada. Generalmente esto suele implicar seguir un plan de alimentación que les ayude a equilibrar la ingesta de hidratos de carbono con la medicación y el ejercicio físico para lograr un buen control de la diabetes.

Mito: se han desarrollado curas de la diabetes, pero ni los médicos ni el gobierno informan al respecto.

Realidad: independientemente de lo que lo que pueda encontrar en Internet, la diabetes no tiene cura. Muchos científicos e investigadores han dedicado sus carreras a buscar posibles curas de esta enfermedad y han hecho grandes avances en su comprensión. Pero, hoy en día, la única forma de controlar la diabetes consiste en inyectarse insulina, tomar los medicamentos recetados por el médico o pediatra, llevar una dieta equilibrada, hacer abundante ejercicio físico y medir la glucemia con regularidad. Hasta que exista una verdadera cura de la diabetes, haga cuanto pueda para controlar la diabetes de su hijo con las herramientas disponibles hasta la fecha.

Revisado por: Steven Dowshen, MD
Fecha de revisión: agosto de 2013